Gramabar: No Problem

Alejandro y Rómulo
Alejandro Alliegro y Rómulo Moncada

Gramabar: No Problem. Calle Preciados, 40. Madrid.

Visitamos a Rómulo Moncada y Alejandro Alliegro, dos amigos venezolanos instalados en Madrid, que hace unos meses dejaron de lado la abogacía y la ingeniería industrial para dedicarse plenamente a uno de sus sueños, la gastronomía. Su delicioso proyecto se llama Gramabar: No Problem y lleva dos meses a pie de cañón. El local se encuentra en la Calle Preciados 40, en pleno centro madrileño. Al entrar te acoge un aura de juventud y de buen rollo, sobretodo eso.

¿Por qué Gramabar: No Problem?
“Su nombre hace alusión al césped. Queríamos crear un espacio en el que te sintieses como en casa, que fuese acogedor, que tuviese rollo. Estamos en una zona muy turística, rodeados de sitios hechos sin corazón ni sentimientos, totalmente comerciales. Nosotros buscábamos algo más personal. No problem, que es un slogan jamaicano. Cuando viajas a Jamaica la llegada es algo así como: Bienvenido a Jamaica, estás en el caribe, relájate. Y esa sensación es la que queremos transmitir en Gramabar”. Nos cuenta Rómulo, que al llegar a España notó en gran medida la distancia en el trato al cliente, lo que contrasta notablemente con la calidez y atención que presta el servicio en América. “Allí el servicio vive de la propina, somos más pelotas. Tratamos de cuidar todos los detalles”.

Gramabar

Gramabar tiene un toque handmade. Si al entrar miras alrededor podrás apreciar un gran trabajo de reciclaje estructural en sus muebles, en su decoración, en su distribución y hasta en el techo. “El local no tenía nada que ver con lo que es ahora mismo. Contábamos con un presupuesto ajustado, por lo que decidimos trabajar sólo con materiales reciclados. Estuvimos buscando por todo Madrid y dimos con el centro comercial Avenida M40, un centro abandonado que compró un grupo de empresas venezolano. Tuvimos la suerte de conocer al arquitecto, un gran amigo venezolano que nos dio acceso y nos permitieron sacar casi todo lo que hay aquí”. Su barra está hecha con listones de madera oscura que recuperaron de la tienda Mango, las lámparas que cuelgan del techo pertenecían a una tienda de tatuajes, las cajas que cuelgan en la pared que hay tras la barra y que ahora contienen las bebidas espirituosas exponían anteriormente pares de zapatos. ¿Los techos? Palés restaurados, de los que ahora cuelgan algunas plantas, que junto al césped de la pared nos transmiten la filosofía de Gramabar.

Miramos hacia el fondo del restaurante, donde asoma tímidamente la cocina. Llega la hora de hablar de sus platos, su gastronomía y sus cócteles. Rómulo nos cede una carta, en la que descubrimos un abanico de platos internacionales sin olvidar, por supuesto, los sabores venezolanos. Preparan unos riquísimos tequeños, un plato típico venezolano. “Es un tentempié de dedos de queso. Un queso blanco fresco que se envuelve en un pan de corteza, como una masa”. Nos recomiendan la fondue de queso suizo, el provolone en cazuela fundido con tomates y pimientos al grill, las costillas con salsa de bourbon, la hamburguesa y los nachos. Pero sin duda, su plato estrella, los nachos. “Compramos los ingredientes en crudo y lo elaboramos todo aquí, no hay nada preparado. Es un plato grande. Preparamos los nachos con guacamole, queso, pollo, alubias rojas y jalapeños. Pides un plato y ya has cenado”.

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Nachos con guacamole

 

¿Pertenecéis al club de los indecisos? No problem. Alejandro y Rómulo os ayudan a elegir. La carta incluye un “Match-Maker”, propuestas de maridaje entre cocina y barra. Esta fantástica opción recomienda las mejores uniones a un precio inmejorable. Prueba un riquísimo salmorejo con una caipiroska de sandía o melón o unos langostinos a la griega con un Tom Collins fresh mint. Nosotros nos quedamos con la gramaburger con cerveza Brabante Oro.

Cócteles Gramabar
Su clientela, al igual que la cocina, es internacional. “Hablamos muchísimo inglés, gran parte de las personas que vienen a Gramabar son extranjeras. Hemos tenido clientes que han venido un lunes a comer y han repetido todos los días hasta que volvieron a su país. Para nosotros es una gran satisfacción”.

El local ha arrancado con un fuerte “viento en popa, a toda vela” y sus dueños no descartan nuevas aperturas. Nosotros, nos vamos con una idea muy clara: queremos más Gramabar: No Problem.

“Escondido entre franquicias y fotos de paella de los negocios colindantes, Gramabar es un tesoro, un oasis entre tiendas de souvenirs”. Olocomesolodejas.com


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