#WELOVEFOOD

We Love Burger

Este es un artículo sencillo que solo pretende dos cosas: la primera, darnos hambre y la segunda afirmar a los cuatro vientos que las cosas bien hechas, sean sencillas o complicadas, valen la pena siempre que estén hechas con amor y calidad.

De la que hoy hablamos puede ser considerada simple, básica o sencilla de producir. Nada más lejos de la realidad. Porque sea barata y producida industrialmente (no hablamos de algunas cervezas, tranquilos) no quiere decir que todas sean iguales, sin personalidad y justas de sabor.

Hablamos de la hamburguesa y desde aquí no queremos más que profesarle nuestro más profundo amor y respeto.

Burnout Brabante cervezas

En primer lugar, por su estética; si una hamburguesa está bien preparada es una torre multicolor envuelta en dos panes que rebosan salud, henchidos de orgullo protector. Es una paleta gastronómica que viaja entre las estaciones con tranquilidad.

En segundo lugar, por su sabor, una mezcla de matices que bailan juntos una soberbia coreografía y que nos hacen dudar, pecar y caer en sus redes una otra vez. Maravilloso pecado carnal.

En tercer lugar, por la materia prima, que debe ser de calidad excepcional:

El pan, dorado y ligeramente crujiente; salado o con el dulzor del brioche; con harina blanca, sésamo o rural. Después, las verduras, verde que te quiero verde y todos los demás colores que se nos ocurran de productos salidos de la tierra (verduras a la brasa para qué os quiero, o pimientos del piquillo asados en Gobu…).

A continuación, el queso, donde vamos a usar el gran tópico porque nos da la gana: “el límite lo pone tu imaginación” pero es un fijo. Y para mí, obligación de incluir un trozo de bacon o panceta local. Obligación y punto.

Más abajo, la carne; protagonista de este concierto coral, prima donna y que puede tener su origen en el pelo (buey, vaca vieja, ternera o cerdo hasta llegar a la caza, con el ciervo o el jabalí al frente…) en la pluma (capón o pollo) y nunca en la escama (lo siento, pero no en mi nombre) y que en cualquier caso siempre debe ser suave, contundente, bien mezclada (no desvelaremos ningún secreto, ¡tranquilos en Burnout!) porque el secreto está en la mezcla.

Burnout Brabante cervezas 2

Hay gente que es amante del huevo frito, que los hay (no soy uno de ellos) y es un delirante placer el sentir la yema escapar de su prisión buscando impregnar toda la mezcla.

Y por supuesto, los acompañamientos:

Ensalada, siempre está bien compensar. Pero para mí, de col. ¿Quizás unas patatas fritas? Por supuesto, en mi caso belgas con mayonesa (y si son de Burnout, aún mejor). También el tubérculo tiene hueco en su vertiente asada.

Cómo no, los aros de cebolla, de mil maneras: empanados, a la brasa, con una ligera capa de harina o caramelizados.

Y por último, la compañía; una hamburguesa es una gran excusa para comer con las manos, para robar patatas y para estar acompañados. Las hamburguesas son las chimeneas de hoy en día, con la familia reunida alrededor de las mismas.

En breve demostraremos en Brabante nuestro amor por este compendio de placeres que alguien una vez unió para hacer nuestra vida muy feliz, llegando al nirvana si se acompaña con una Lager de Brabante.

La primera cadena de comida rápida de hamburguesas de Estados Unidos se fundó en 1921. Casi 100 años después, la hamburguesa, tal y como la conocemos hoy, ha evolucionado en algunos casos (en otros ha involucionado) hasta convertirse en nuestro total objeto de amor y adoración.

¡Ayúdanos a declarar tu amor incondicional y comparte tu idilio para que no quede ninguna duda!

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